Encuesta

Posted on abril 21, 2011

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Yo no he votado, la verdad. Pero vosotros votad, por favor, que si no, no tiene gracia.

Supongo que al haber confeccionado la encuesta y seleccionado las frases, he escogido aquellas con las que más me identifico o que más me han marcado.

Si escogiese una, solo una, le estaría siendo infiel al resto. Así que no, no puedo escoger.

Lo que sí puedo es explicar el autor, el contexto y lo que a mí me dice cada una. Además, es probable que este debate sea mucho más interesante que la simple votación, ¿no os parece? Así que ya sabéis, si alguno se anima, además votar tiene todo el espacio del mundo…

 

Helder CamaraCuando doy pan a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué los pobres no tienen pan, me llaman comunista”. Es de Helder Camara, obispo de Olinda y Recife.

Nunca he leído un libro de H. Camara, y tampoco esta frase en su contexto original. No sé cuando la dijo ni a santo de qué venía. Yo la leí por primera vez en un póster enorme con su foto en el despacho de un profesor de matemáticas de la escuela de Caminos, un gran amigo con muchas luces.

En aquel momento, cuando la leí por primera vez, me sentía mucho más cerca de la Iglesia de lo que me siento ahora y lo que esas palabras me dijeron difieren bastante de lo que me dicen hoy.

Hoy me hablan de lobbies, me hablan de reuniones para poner de acuerdo intereses, me hablan de esfuerzos dirigidos a callar bocas, me hablan de llantos que nadie enjuga porque nadie oye porque algunos acallan. Hoy me hablan de estigmas nuevos ante preguntas viejas, porque hoy, como ayer, preguntar por qué atenta contra el poder de algunos pero, sobre todo, contra la culpable tranquilidad de muchos.

 

RousseauGuardaos de escuchar a este impostor, estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra no es de nadie”. Es de Jean Jacques Rousseau, de su libro Discurso sobre el origen de las desigualdades entre los hombres. La cita completa dice así: “El primero al que, tras haber cercado un terreno, se le ocurrió decir ‘esto es mío’ y encontró personas lo bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, miserias y horrores no habría ahorrado al género humano quien, arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiera gritado a sus semejantes:’¡Guardaos de escuchar a este impostor!: estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y que la tierra no es de nadie”. Aunque la cita, y el pensamiento también, sean de Rousseau, para mí son de mi padre. ¡Cuantas veces no le habremos oído, mis hermanos y yo, repetirla!

De la cita, yo me quedo con eso del “verdadero fundador”, que me viene a susurrar al oído, cada vez que la escucho, que el estado de cosas en el que hoy nos desenvolvemos no son parte de un ineludible devenir histórico, ni de un sagrado tríptico del que miseria, dolor y muerte sean inalterables protagonistas. El mundo que hoy conocemos, nuestra sociedad, es un invento, un conjunto de normas complejas que componen un hábitat relativamente estable pero no único, no necesario.

 

RomeroLes suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios, ¡cesen la represión!”… es Óscar Arnulfo Romero, monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, enfrentándose a la burguesía y al ejército antes de ser asesinado por ellos.

Es otro de los grandes símbolos de esa América Latina que en último tercio del siglo XX iluminó al mundo regalándole una nueva forma de entender la pobreza: desde dentro. Y es otro de los grandes nombres de mi imaginario personal que, unido al de Sobrino y al de Ellacuría, ponen a El Salvador en mi mapa del mundo.

El grito, desesperado, de Oscar Romero es el grito de la no violencia, de la renuncia a la defensa armada, es el grito de la entrega de la vida por honradez, de la opción preferencial por los pobres. Y, de verdad, hay que ser muy persona para dejarse matar por honradez.

 

ExuperySi queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor”, es de Antoine de Saint-Exupery, el de El Principito.

Si Helder Camara hablaba sobre el problema, Rousseau sobre las causas del problema y Oscar Romero gritaba contra los que lo mantnían, este aviador francés propone la solución: poner la inteligencia al servicio del amor.

Y eso se concreta en pensar, pensar, pensar… pensar sobre cómo proponer a la humanidad de hoy una alternativa para organizarse, como propiciar un cambio de paradigma que nos lleve de un mundo presidido por estructuras socioeconómicas perversas a otro en el que de ninguna persona se pueda decir que “su máxima tarea es simplemente sobrevivir”.

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Posted in: Pensaciones, Tontunas