Victoria amarga … y arriesgada

Posted on abril 29, 2011

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Sé que la ilegalización de formaciones políticas del entorno etarra ha resultado una herramienta muy útil a la hora de luchar contra ETA y para lograr que estemos donde estamos, más cerca que nunca del fin de la muerte y el chantaje como vehículo para defender e impulsar ideas en España. Sacar a ETA de las instituciones y de las calles ha resultado un compañero indispensable de la lucha policial, que ha permitido aislar y arrinconar a ETA como nunca antes lo había estado. No obstante, ni soy el primero ni el más autorizado, en cuestionar la limpieza democrática de dichas actuaciones basadas en la Ley de Partidos Políticos, de 2.002.

No me voy a definir aquí como un purista ético que agite con vehemencia la bandera de “el fin no justifica los medios”, pero darle a esos medios rango de ley creo que es demasiado.

Aunque venzamos, aunque ETA desaparezca y jamás vuelva a matar y a atemorizar, creo que nos habremos dejado algo importante en el camino y que nuestra democracia será, ya lo es, menos democracia, al permitir leyes que sepulten los más básicos principios democráticos: da igual que sea Saddam, da igual que sea ETA, el Estado sólo debe sancionar cuando se ha producido la violación de la ley, no para evitar que se produzca.

Por eso, aunque ganemos, aunque ETA desaparezca, la alegría, la mía, al menos, no será completa.

Pero es que, además, el camino que se está ensayando para alcanzar la victoria, es arriesgado desde el punto de vista práctico de la consecución del objetivo. (Aquel que vea incompatible el discurso utilitarista cuando se hable de vencer a terrorismo, es mejor que no siga leyendo.)

Hagámonos el favor de no dar a ETA la ventaja táctica de considerarlos disminuidos intelectuales, meros asesinos con mentes y almas huecas y tratémosles como lo que son, una organización que pretende unos fines. Y ETA, como tal organización, adaptará su estrategia y sus próximos pasos a las posibilidades reales de acercarse al fin que pretende.

Si ETA está considerando en serio, si es que lo está haciendo, abandonar la lucha armada es, sencillamente, porque cree que por la vía democrática puede alcanzar con más posibilidades de éxito el fin que persigue. Si le quitamos la posibilidad de alcanzar democráticamente sus objetivos, se mantendrá en la violencia como vía para alcanzarlos. Punto.

Cabe la posibilidad de que estemos ahuyentando al que quiere volver al redil.

Podemos dejar que se presenten, bajo las siglas que les de la gana, personas que, teniendo el pasado que tengan, estén renunciando a la violencia, aunque se tenga sospechas de que es un simple ardid, y guardarnos la opción de actuar en pro de su ilegalización más adelante, si se demuestra que la formación política, como dice la ley, “persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático”. Hacerlo así compatibilizaría la limpieza democrática de nuestra lucha con una estrategia que posibilite y ayude al fin de la violencia.

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Posted in: Terrorismo