Gobernar los cambios I

Posted on octubre 7, 2011

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Corrientes de cambio muy poderosas están sacudiendo el mundo y transformándolo. El desafío inmediato de los progresistas es hacer del cambio un aliado y no un enemigo.

Nada hay más lejano a las ideas progresistas que la nostálgica pretensión de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No podemos añorar un mundo en el que una parte de la humanidad envejece y muere instalada en la riqueza mientras la otra parte, mucho mayor, está condenada a la miseria.

El avance tecnológico puede conducir a un mundo mucho mejor que el que hemos conocido: más próspero, más justo. Pero también podría conducir a lo contrario. Depende de lo que hagamos ahora.

El signo más distintivo de esta época es la extraordinaria aceleración del tiempo histórico: en pocos meses asistimos a cambios que en otros momento hubieran requerido décadas. La crisis económica es un síntoma del cambio histórico: nos obliga a caminar aceleradamente hacia nuevas formas de producir y de trabajar, de intercambiar bienes y servicios. Pero no es el único:

  • Vamos a una economía de base tecnológica.
  • La globalización borra las fronteras.
  • Tenemos pendiente una imprescindible revolución energética.
  • La vida de las personas es cada vez más larga.
  • Procesos de grandes migraciones.
  • El cambio climático.
  • La seguridad, como problema global.
  • La imparable progresión de la igualdad entre hombres y mujeres.
  • La comunicación como fenómeno universal, inmediato y multidireccional.

Y mientras tanto, en muchas zonas del planeta aumenta la pobreza, las desigualdades se hacen más profundas y proliferan los conflictos.

Estamos ante una auténtica encrucijada histórica.

Es el momento en que los socialistas, que tanto hemos contribuido en el siglo XX a construir un modelo político y social capaz de sumar libertad, prosperidad económica y bienestar social, señalemos el camino. No queremos contemplas los cambios: queremos gobernarlos de acuerdo con nuestros ideales.

En las sociedades occidentales se vive una dinámica de polarización del poder social y de consiguiente incremento de las desigualdades. Hay sectores que han acumulado un poder enorme, que se traduce en una creciente desigualdad, en retribuciones obscenas, en evasión fiscal, y en el riesgo de ruptura de la solidaridad entre bloques regionales, países y grupos sociales.

Las economías desarrolladas viven la crisis más profunda de los últimos 80 años. Una crisis que se prolonga por más de cuatro años, sin que pueda asegurarse que se haya superado de forma inequívoca la fase de estancamiento o de debilidad.

Por eso, nuestro objetivo no puede ser otro que formular una propuesta de acción política dirigida a sacar a España de la crisis. Ese es el eje vertebrador de nuestro programa de gobierno: restañar los daños causados por la crisis al tiempo que retomamos el camino del crecimiento sólido sobre bases económicamente más sostenibles que en la fase de expansión anterior.

Se trata de un gran empeño, cuyo logro no depende sólo de nosotros como país.

Se trata de un gran empeño transformador que requiere perseverancia en la reformas ya emprendidas y la ambiciosa puesta en marcha de otras con el objeto de transitar a otra economía, la del conocimiento, el valor añadido, la productividad, el empleo de calidad y estable, la eficiencia energética y la sustitución progresiva del carbono, y sostenible medioambientalmente.

 Se trata de un gran empeño social. Toda crisis, también ésta, distribuye sus daños de forma socialmente desigual. Desigual, e injusta, entre quienes mantienen su trabajo o acceden a uno y quienes lo pierden o no lo encuentran; desigual entra las capas sociales desigual entre las generaciones, con particular perjuicio para los jóvenes; desigual entre quienes poseen formación suficiente o quienes carecen de ella; desigual entre los sexos; desigual entre los territorios.

Por eso, este empeño social exige la contribución equitativa de quienes menos la han padecido, de quienes han seguido obteniendo grandes o, incluso, mayores beneficios

 Se trata de un gran empeño colectivo que exige activar todas las energías de la sociedad, de las organizaciones sindicales y patronales, de las distintas representaciones colectivas, de los actores sociales, de los generadores de conocimiento, de las personas emprendedoras, de todos los que aportan día a día su trabajo para el bienestar común.

No basta para eso un gobierno. Pero para eso no vale cualquier gobierno. Para eso gran reto estamos preparados los socialistas.

 

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Este post es el primero de una serie de cinco. Sigue aquí: Gobernar los cambios II

Si te has cansado y no vas a leer lo demás, léete la nota aclatoria que hay al final de la quinta parte. La puedes encontrar aquí:

Gobernar los cambios V 

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